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El falso mito de «Mente sana en cuerpo sano»
- 19/01/2026
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Hemos aprendido a repetir «mens sana in corpore sano» como si fuera una ley natural: un cuerpo en forma equivale a una mente feliz. Pero, ¿cuántas veces esta ecuación resulta ser falsa? Detrás de físicos esculturales y rutinas impecables pueden esconderse ansiedades, cansancio emocional y fragilidades invisibles. Al mismo tiempo, existen mentes fuertes que habitan cuerpos imperfectos, marcados o alejados de los ideales estéticos. Sin embargo, si el ejercicio físico favorece el bienestar del cuerpo, también es cierto que tiene efectos positivos en el bienestar mental a lo largo de toda la vida.
El papel del movimiento en el desarrollo cognitivo de los niños
La infancia es una etapa crítica y muy sensible para el desarrollo del cerebro. En particular, entre los 7 y los 12 años, la práctica regular de actividades deportivas ejerce una influencia positiva en las funciones cognitivas y emocionales. Los niños físicamente activos muestran una mayor capacidad de atención, una memoria de trabajo más eficiente y un mejor control de las emociones.
Estos beneficios también se reflejan en el rendimiento escolar: numerosos estudios evidencian una correlación positiva entre las horas dedicadas al deporte y las calificaciones, especialmente en las habilidades de lectura y matemáticas. Las actividades que requieren coordinación, estrategia y rapidez en la toma de decisiones, como el fútbol o el tenis, favorecen el desarrollo de las funciones ejecutivas, entre ellas la planificación y el control inhibitorio. Por esta razón, las directrices recomiendan al menos 60 minutos diarios de actividad física para que los niños puedan expresar todo su potencial.
No solo músculos: la química del bienestar
Los beneficios de la actividad física no se limitan al comportamiento o al rendimiento cognitivo, sino que tienen una sólida base biológica. Durante el ejercicio, los músculos liberan en la sangre sustancias llamadas miocinas, entre las que se encuentra el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), fundamental para la supervivencia de las neuronas y la plasticidad sináptica.
Paralelamente, la actividad física estimula la liberación de dopamina, opioides endógenos y endocannabinoides, creando un auténtico «cóctel» bioquímico responsable de la sensación de bienestar y euforia conocida como «runner’s high». Esto explica por qué moverse regularmente ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, mejorando el estado de ánimo y las capacidades cognitivas a cualquier edad.
El ejercicio como escudo contra el envejecimiento cerebral
Con la edad, el cerebro sufre un proceso natural de atrofia. Sin embargo, la actividad física es una de las estrategias no farmacológicas más eficaces para contrarrestar este deterioro. Estudios de neuroimagen muestran que las personas mayores físicamente activas tienen un mayor volumen cerebral en áreas especialmente vulnerables a la demencia, como el hipocampo, fundamental para la memoria, y las regiones frontales y temporales.
El ejercicio físico parece ofrecer una protección aún más marcada en las personas con predisposición genética al Alzheimer, ya que contribuye a preservar la integridad de la materia blanca y la conectividad de las redes neuronales. Además, moverse con regularidad ayuda a ralentizar la progresión y a controlar los síntomas de diversas enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson, la esclerosis múltiple y la corea de Huntington, mejorando la calidad de vida incluso en presencia de enfermedades crónicas.
¿Cuánto hay que moverse para proteger el cerebro?
Aunque cualquier forma de movimiento es beneficiosa, las recomendaciones varían en función de la edad:
Niños y adolescentes: al menos 60 minutos al día de actividad moderada a vigorosa.
Adultos: entre 150 y 300 minutos a la semana de actividad aeróbica moderada.
Personas mayores: al menos 30 minutos de actividad diaria, incluso de baja intensidad, como caminar regularmente.
En conclusión
La actividad física es un recurso sencillo, accesible y potente para mantener el cerebro joven, flexible y en buen estado de funcionamiento a lo largo de toda la vida. Desde la infancia hasta la tercera edad, moverse significa invertir no solo en la salud del cuerpo, sino también en la de la mente. Y la buena noticia es que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para empezar.
Por la Dra. Lavinia De Marco
Dr. Alessandro Bargnani | Director general del Health & Human Performance Institute
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